lunes, 9 de febrero de 2015

Las brujas de Salem y los saurópodos embrujados


Esclerocio de Claviceps purpurea, un ascomicete
colgando de la espiga de un centeno.
De Dominic Jacquin.
El cuadro de arriba se conoce como La Examinación de la Bruja, del pintor estadunidense Thomas H. Matteson (1813-1884) en el que se retrata una corte estadunidense en torno a una joven a la que se le acusa de brujería. En el suelo se encuentra un joven que parece haber sido víctima de un encantamiento lanzado a él por la bruja enjuiciada. La escena pintada en 1853 se inspiró en los juicios de Salem, uno de los episodios más cruentos de la historia estadunidense. Durante la época colonial, entre febrero de 1692 y mayo de 1693, se enjuició y condenó a muerte a veinte personas por el cargo de brujería, algo que en aquella época implicaba por consecuencia un trato cercano con el mismo Diablo.

Actualmente, existen historiadores que buscan encontrar una explicación a los supuestos encantamientos de la región durante ese año. Una de las hipótesis más populares para explicar los síntomas de las personas que se decían afectadas es que fueron víctimas de envenenamiento por ergot o cornezuelo, una especie de hongo conocida como Claviceps purpurea que parásita las plantas de centeno. La aflicción se conoce como ergotismo. De acuerdo con los registros históricos del juicio, parte de lo síntomas eran las convulsiones y las alucinaciones; es más, una de las evidencias contra las acusadas eran las personas que los afectados alucinaban durante su trance (Linnda Caporael, 1976).
Según esto, si una persona veía a otra durante sus malestares se trataba de la personificación del Diablo. Durante los juicios hubo un acalorado debate sobre cómo esas personificaciones podían llevarse a cabo, concluyendo que para que el Diablo tomara la forma de otra persona, requería del permiso del o de la imitada, indicando una subyacente relación con el mismo y por ende brujería. El hongo Claviceps purpurea produce una sustancia llamada ergotina, que actualmente se utiliza como precursor para el ácido lisérgico (o LSD), sustancia que funciona como un neurotransmisor que interfiere con el sistema nervioso central, causando alucinaciones en bajas dosis, convulsiones en dosis medias y la muerte a dosis elevadas.

Muy interesante todo ¿pero qué tienen que ver con los saurópodos?

El año pasado se encontró en unas minas de Myanmar un ámbar fosilizado que data de hace unos 97-110 millones de años, durante el periodo Cretácico medio, cuando en la Tierra dominaban las coníferas y los saurópodos, dejando a la sombra a los nacientes pastos y mamíferos. El fósil contenido en el ámbar es el de una pequeña flor de un pasto primitivo (lo que sitúa el origen de la familia de las poáceas -pastos- más atrás de lo pensado), que está cubierta por... ¡un cornezuelo fósil! Esta noticia acaba de ser publicada hará cosa de unas horas en el portal Phys.org.

El hallazgo indica que la relación parasítica entre los pastos y los cornezuelos es de un abolengo muy viejo. Para el ser humano no hay plantas más importantes que las poáceas (los pastos), pues son la base de nuestra civilización misma, y la enfermedad del cornezuelo es una de las tantas plagas que la humanidad ha conocido desde sus inicios... pero el hongo ya existía con los pastos desde hace millones de años. La ergotamina ha sido la causa de muchas epidemias, principalmente en la Edad Media, así como infecciones a otros animales de granja, como al ganado; pocos hongos han logrado trascender en la historia de la humanidad como Claviceps purpurea, y todo parece indicar que no somos sino una víctima más de su milenaria lista.

Ciclo de vida de Claviceps purpurea. A) Espiga de centeno infestada por el hongo con esclerocios desarrollados. 1) Esclerocio maduro, 2) Ovario de la flor de centeno con el micelio, 3)  Sección longitudinal del anterior, 4) Esclerocio maduro sobre el ovario, 5) Esclerocio en estado posterior de desarrollo, 6) Sección longitudinal del anterior, 7) Micelio con estructuras reproductoras asexuales (conidios), 8) Esclerocio con los cuerpos fructíferos, 9) Cuerpo fructífero, 10) Sección longitudinal con estructuras de reproducción sexual (peritecios), 11) Amplificación de los peritecios, 12) Mayor amplificación de los peritecios, 13) Tubo con esporas (denominadas ascosporas), 14) Esporas, 15) Esporas germinando. De Franz Koëhler, 1897.
El nombre del filo que integra a estos hongos, Ascomycota, se refiere a estas estructuras en forma de saco (en griego *askos) que contienen las estructuras de reproducción sexual del hongo.

Dado que los pastos que poblaron el Cretácico llegaron a servir como parte de la dieta de los grandes saurópodos, los principales herbívoros de la época, podemos asumir que la ergotamina causaba los mismos efectos que en los animales actuales. Ver a uno de esos grandes saurópodos, aún en estado juvenil, sufriendo espasmos, alucinaciones y convulsiones debería ser toda una escena de pánico y miedo (aunque no es posible afirmar a ciencia cierta que esos hayan sido los efectos). La ergotamina tiene como principal efecto sobre el sistema el de ser un vasocontrictor, por lo que en el punto o puntos donde se acumule cortará la circulación sanguínea y puede generar gangrena en el miembro o región afectada.

Las células que conforman a los hongos se conocen como hifas, y el grupo de hifas que crecen para formar estructuras macroscópicas (o microscópicas), en un arreglo semejante al de un tejido, se denomina como micelio. La estructura que se encontró fosilizada en el ámbar se conoce como esclerocio, que es un micelio endurecido que sirve como reserva de alimento durante las épocas de escasez. En el caso de Claviceps, los esclerocios producidos permanecen en dormancia hasta que las condiciones son más favorables, produciendo posteriormente las estructuras de reproducción (esporas) que son dispersadas por los polinizadores.

El registro fósil de los hongos es bastante escaso debido a la naturaleza blanda de los micelios, por lo que la paleomicología, o ciencia que estudia los hongos fósiles, ha reconstruido la historia del Reino Fungi a partir de escasos registros; el más antiguo conocido hasta ahora data del Proterozoico (probablemente) y fue descubierto en el año 2005. Anteriormente, en el año 2000, se había descubierto que los hongos pudieron haber colonizado la tierra a partir del Cámbrico-Ordovícico al hallar hifas y esporas pertenecientes, posiblemente, al orden de los Glomerales en sedimentos continentales. Sin embargo, al comienzo del periodo Triásico, poco después de la extinción que acabó con casi el 95% de la biota del planeta a finales del Pérmico, se encontró que fueron los hongos la forma de vida dominante, constituyendo casi la totalidad del registro fósil disponible para ese momento (principalmente esporas).

Esta noticia fue publicada el día de hoy y de la emoción fue que nació este artículo. Así que no es la historia de los humanos y la llegada de Claviceps a nuestras vidas, sino la historia de cómo llegamos nosotros a la vida de los Claviceps.

Nota: Para una cuenta extendida de cómo es que la familia de las poáceas surgió y es tan exitosa, he escrito una nota sobre eso para Revista Mito: La familia de plantas que conquistó al mundo (2014).

Referencias
  1. Amber fossil links earliest grasses, dinosaurs and fungus used to produce LSD (Febrero 9, 2015) Phys.org. [Para ver la fotografía del fósil].
  2. Butterfield N. J. (2005) Probable Proterozoic fungi. Paleobiology 31(1):165-182.
  3. Redecker D., Kodner R., Graham L. E. (2000) Glomalean fungi from Ordovician. Science 289(5486):1920-1921.
  4. Eshet Y., Rampino M. R., Visscher H. (1995) Fungal event and palynological record of ecological crisis and recovery across the Permian-Triassic boundary. Geology 23(1):967-970.